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Poquer en linea: normas, reglas y consejos utiles

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Para llegar a ser un buen jugador de poquer es necesario no solamente conocer todas sus reglas, sino también reunir una serie de otras condiciones ajenas a la técnica, pero que contribuyen a formar un conjunto al que podemos denominar: "caracteres del perfecto jugador".

Si bien es cierto que llegar a ser un perfecto jugador en todos los órdenes, es cosa difícil, es cierto también que aquel que practique un juego -y en este caso el poquer- tendrá que poner de su parte todo el esfuerzo posible para adquirir perfeccionamiento, lo cual puede traducirse en beneficio personal o ganancias, que es lo mismo.

El buen jugador debe ser poseedor de diversos órdenes de conocimientos, tales como dominio de las reglas oficiales del juego; atención absoluta al orden de las jugadas; conocimiento de la técnica necesaria para cada momento en el desarrollo; observación discreta pero atenta de las modalidades de los adversarios; serenidad para los casos más graves de las jugadas; sangre fría en la adversidad; oportunidad para hacer un "bluff"; consideración —que no ofenda— con el que esto en la mala; paciencia para esperar la buena racha; respeto por la opinión general o la mejor en los casos de discusión; mantener siempre alto la moral aún a costa de pérdidas materiales.

Dominio de las reglas del juego.

Condición necesaria para poder alternar en cualquier mesa de juego con las mayores ventajas. El que no las domina es siempre el blanco de críticas reservadas y a veces no manifestadas, pero que se evidencian, en general, por una atmósfera de nerviosidad y fastidio que no puede pasar inadvertida para quien posea aptitudes de observación.

Atención a las jugadas.

Quien no preste la debida atención al orden, ya para abrir, ver o mandar, provoca, con intención o sin ella, perturbaciones que perjudican a los demás y a sí mismo porque puede hacerse pasible de multas.

Conocimiento de la técnica.

Para cada momento en el desarrollo de la partida será necesario aplicar un procedimiento particular. Estos procedimientos se refieren a la forma de abrir cuando se tiene una combinación fuerte o pare cuando ella es débil. En el primer caso convendrá hacerlo en forma suave para permitir la entrada del mayor número de jugadores, en el segundo en forma fuerte para provocar el desbande de la mayoría. Igual procedimiento se adoptará después de los descartes, cuando sea el momento de las apuestas finales.

Observación de los contrarios.

Aunque no es permitido ni correcto observar insistentemente o "semblantear" al adversario en el momento de hacer una apuesta, será muy útil conocer las reacciones que experimentan cada uno de ellos en diversas situaciones. Esto debe hacerse discretamente y mejor cuando no se es parte en el juego, en las ocasiones en que se está fuera de él por no haber aceptado alguna apuesta.
La inmutabilidad será gran condición. Que nadie pueda penetrar o descubrir nuestras intenciones y adivinar nuestro estado de ánimo. Que nuestros movimientos no reflejen la nerviosidad, alegría o desagrado por la calidad de nuestras cartas es lo ideal. Por eso, será necesario estar siempre sobre uno mismo para controlarse incesantemente y saber cuándo los nervios necesitan un descanso.

Serenidad en los casos difíciles.

¿Qué son casos difíciles en el desarrollo de una partida? Sencillamente aquellos en que debe dilucidarse la suerte de un pozo grande empleando, si se quiere, una fracción de segundo para resolverse. El poquer es un juego de determinaciones rápidas, inspiradas en el conocimiento de los adversarios, en la seguridad de la combinación en mano, o del impulso del corazón (la "corazonada").
El buen jugador debe ser rápido para aceptar una apuesta como para hacer un rebate o un "bluff"; en ello radicará el éxito. Hay que tener prudencia, eso sí, en los momentos finales de la partida, no arriesgando las ganancias de muchas horas en un minuto, aun sabiendo que el adversario perdedor fuerza el juego en un arrebato por desquitarse; en estos casos será preferible no aceptar grandes apuestas aún con buenas cartas.

Sangre fria en la adversidad.

El jugador que pasa por un instante de mala racha no deberá amilanarse. Podrá, en algún caso aislado, intentar uno reacción falsa que sea descubierta, algo así como un "gesto de propaganda", con el evidente propósito de repetirlo nuevamente cuando las cartas sean buenas y aseguren así el pozo. No intentar repetidamente "asaltar" si ha sido descubierto y menos si se es abridor. El planeo de un asalto se intentará con mejores probabilidades cuando no se es abridor y pidiendo una o dos cartas a lo sumo.

Oportunidades para el "bluff".

No debe repetirse a menudo sino después de buenas rachas, cuando el adversario no duda y siempre en el caso de no ser el abridor, para no estar obligado a "mostrar" en el caso de obtener el retiro de los demás jugadores. El "bluff" es más factible cuando el que lo intenta rebota en la primera vuelta del juego con miras a dar el golpe en la segunda, dando así la sensación de tener muy buenas cartas.

Consideraciones con el perdedor.

Esto deberá observarse especialmente en las partidas familiares, y no rige en las mesas fuertes, donde el interés es el fin primordial del juego. En la primera circunstancia convendrá no abusar de los rebotes para con las personas que están en la mala. Aunque se tengan juegos fuertes, será muy correcto "ver" y nada más, o si las cartas son medianamente buenas optar par retirarse, con lo cual se favorece al venido a menos sin ofenderlo.

Paciencia en la mala racha.

La mala racha, si se es prudente, no producirá grandes pérdidas. La mala racha puede clasificarse en dos categorías: La primera, cuando no se "liga" y el jugador paso invariablemente. La segunda, cuando un jugador tiene a menudo muy buenas cartas pero otro las tiene mejor. En este caso las pérdidas son grandes y convendrá entonces ser prudente en las apuestas, concentrándose a ver en lugar de rebotar.

Respeto por la opinion de la mayoria.

Es, en algunas oportunidades, evidente petulancia el querer hacer privar la opinión personal en los casos en que una jugada presente duda o cuando se deba aplicar alguna regla determinada. Convendrá aceptar la opinión de la mayoría o la de aquel que sea considerado el más completo e imparcial de los jugadores.

Mantener la moral.

Si varias personas se sientan alrededor de una mesa de juego y esto se repite, naturalmente con frecuencia, y se mantiene un lazo de amistad y simpatía entre los mismos, deberá cuidarse la moral en el juego como la mayor de las virtudes para que la equivocación de un jugador no pueda jamás ser interpretada como un acto de aprovechamiento personal. El que se equivoque debe tener la entereza de manifestarlo antes que los demás se den cuenta, tan a costa de sufrir las sanciones que las reglas del juego establezcan.

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